Historia de El Apeadero

“El Apeadero” es un antiguo edificio de viajeros, de cuarta categoría, del ferrocarril Valladolid-Ariza. Se encuentra en el km 133,025 situado a las afueras de la pequeña localidad de Velilla de San Esteban, en la provincia de Soria. Aunque se desconoce su fecha exacta de construcción, está debió ser poco antes de la apertura oficial de la línea, que se realizó el 1 de enero de 1895, por lo que es muy probable que para esa fecha ya estuviera terminada.

   

Los nombres con que fue designada esta estación fueron: Velilla de San Antonio, Velilla de San Esteban y finalmente, coincidiendo con el cambio de titularidad de la línea, de manos de MZA a propiedad de RENFE (en 1941), pasó a denominarse Velilla de Duero, hecho que se hizo efectivo mediante circular el 1 de agosto de 1944.

Como curiosidades cabe mencionar que en 1896 el billete desde Valladolid a Velilla costaba 15,46 pts en 1ª clase, 11,60 pts en 2ª clase y 7,70 pts en 3ª clase. Estas tarifas se habían multiplicado por cuatro, 60 años después.

El trazado de vía ancha del FFCC Valladolid-Ariza,  que costó 87.862,23 pesetas por km -todos los gastos incluidos- se cerró  definitivamente para los pasajeros el 1 de enero de 1985, en buena parte debido a las casi nulas inversiones realizadas en el mantenimiento y mejora de sus trenes, vías e instalaciones a lo largo de sus 254 km.
Desde entonces el ya precario estado de los edificios se deterioró sobremanera debido al abandono, al pillaje y los agentes meteorológicos.

En l998, fecha en que comienza la rehabilitación del Apeadero éste se encontraba en estado de abandono y semiruina. Las zarzas se habían adueñado de los exteriores y de los accesos a la Estación. Como en cualquier edificio abandonado la rapiña había hecho estragos: la barandilla de la escalera había desaparecido al igual que ¼ de las tejas y algunas puertas y ventanas. Los actos vandálicos se habían cebado con el edificio: no quedaba entero ni uno de los más de 100 cristales de puertas y ventanas, el pozo se encontraba cegado con piedras y fue utilizado como basurero. Algunas de las puertas habían sido quemadas. Las goteras y humedades aparecían por  todas las esquinas y habían estropeado las carpinterías, paredes y suelos e incluso derrumbado algunos techos. Había estancias desproporcionadamente grandes y otras que no cumplían las mínimas condiciones de habitabilidad. No tenía los servicios básicos de agua, luz ni calefacción.

Antes de la restauración Después de la restauración

Actualmente todos estos defectos y otros muchos que estaban en precario se encuentran subsanados ya que ha sido restaurada de forma artesanal, con mimo y cariño, durante ocho años, mediante iniciativa y financiación privada, sin ningún tipo de ayudas ni subvenciones, para la realización de la casa rural El Apeadero.

 

 


Más información:

Un blog: http://esperandoaltren.blogspot.com/2007/03/el-ferrocarril-valladolid-ariza-3-parte.html
Un foro: http://www.trensim.com/foro/viewtopic.php?t=9276
Una web: www.valladolidariza.es.mn
Un libro:"El Ferrocarril Valladolid-Ariza". Pedro Pintado Quintana. Monografías del ferrocarril / 3
Un museo: Estación Chelva en Aranda de Duero (Asociación Arandina de Amigos del Ferrocarril)
Una Asociación: ASOAF (Asociación Soriana de Amigos del Ferrocarril)

“El tren”

Yo, para todo viaje
—siempre sobre la madera
de mi vagón de tercera—,
voy ligero de equipaje.
Si es de noche, porque no
acostumbro a dormir yo,
y de día, por mirar
los arbolitos pasar,
yo nunca duermo en el tren,
y, sin embargo, voy bien.
¡Este placer de alejarse!
Londres, Madrid, Ponferrada,
tan lindos... para marcharse.
Lo molesto es la llegada.
Luego, el tren, al caminar,
siempre nos hace soñar;
y casi, casi olvidamos
el jamelgo que montamos.
¡Oh, el pollino
que sabe bien el camino!
¿Dónde estamos?
¿Dónde todos nos bajamos?
¡Frente a mí va una monjita
tan bonita!
Tiene esa expresión serena
que a la pena
da una esperanza infinita.
Y yo pienso: Tú eres buena;
porque diste tus amores
a Jesús; porque no quieres
ser madre de pecadores.
Mas tú eres
maternal,
bendita entre las mujeres,
madrecita virginal.
Algo en tu rostro es divino
bajo tus cofias de lino.
Tus mejillas
—esas rosas amarillas—
fueron rosadas, y, luego,
ardió en tus entrañas fuego;
y hoy, esposa de la Cruz,
ya eres luz, y sólo luz...
¡Todas las mujeres bellas
fueran, como tú, doncellas
en un convento a encerrarse!...
¡Y la niña que yo quiero,
ay, preferirá casarse
con un mocito barbero!
El tren camina y camina,
y la máquina resuella,
y tose con tos ferina.
¡Vamos en una centella!

Antonio Machado


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